LAS IMPLICACIONES DE LA PROSTITUCIÓN

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El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres”  (Simone de Beauvoir)

 

Prostitución (lat., poner a disposición)

Para comenzar es indispensable mirar hacia atrás en la historia, para encontrar y entender el reducto de lo que la prostitución es hoy. Ya en el antiguo Egipto y más tarde en Grecia y Roma, todas ya erigidas como sociedades, hubo una prostitución de regulación estatal, al igual que sucedió en otras grandes culturas como la India, la china y la japonesa. La edad media cristiana también conoció éste tipo de prostitución, que en muchas ocasiones florecía en burdeles situados cerca de las iglesias. Sin embargo la repentina y velocísima extensión de la sífilis hacia el año 1500 tuvo como consecuencia el final de la posición tolerante que había imperado hasta entonces, percibiéndose como un peligro de salud pública y que para atajarla se empezó a perseguir y a constreñir, creciendo así las restricciones. Los cambios sociales y económicos de las sociedades y el “aburguesamiento “de la cultura a partir del siglo XVIII, condujo además a una moral sexual más estricta, que condenó la prostitución. Luego llegaron las guerras mundiales, y la pobreza de la posguerra hizo que la prostitución aumentara nuevamente. Aún así, la revolución sexual de los 60 y la nueva visión libertadora con respecto a la sexualidad contribuyeron de nuevo a que ésta se volviese a reducir. Esto no significa que desapareciera. La caída de los regímenes comunistas del Este de Europa provocó una nueva ola de prostitución que llegó a Europa occidental, donde las personas necesitaban ganar dinero con urgencia. Actualmente también los movimientos migratorios de las personas provenientes de “países tercermundistas” y la situación económica global han favorecido un descontrol y aumento de un fenómeno tan grave con lo es para mí la prostitución de las personas.

Si la historia nos enseña algo al respecto es que la relación de la prostitución con las diferencias económicas y de poder entre las personas es lineal. En épocas y lugares de especial pobreza siempre aumenta, y cuando las condiciones de vida mejoran, ésta disminuye y se reduce. Por lo tanto la ecuación desigualdad igual a prostitución para mí es un hecho claro y objetivo. Si además tenemos en cuenta que ésta desigualdad no sólo es económica, sino que curiosamente y no por casualidad la pobreza va asociada también a un sexo y un género: el de las mujeres, la ecuación se convierte en  empobrecimiento femenino igual a  prostitución femenina. Por ello el tema de éste fenómeno debe ser estudiado también a través del prisma de la Historia del mundo de las mujeres, del feminismo, y de la realidad de la situación de desigualdad entre hombres y mujeres y del abuso de poderes que se ejercen en beneficio  siempre de ellos y detrimento de ellas. Es un tema demasiado hiriente como para tratarlo con simpleza y dar respuestas fáciles y rudas. Ni a las mujeres les gusta, ni lo eligen con libertad, ni el asunto económico lo justifica. Y son ellas las que así deben presentarlo, con la crudeza de la barbarie de usar el cuerpo como un objeto mercantil, al beneficio casi único y exclusivo del sexo masculino. Las mujeres están en la obligación de procurarse su dignidad, porque sólo la conciencia que proviene del conocimiento de éste que-hacer  y las causas que nos han llevado a interiorizar un modelo masculino de sexualidad (en el que somos objetos de placer al servicio de los demás) podrán liberarse a sí mismas de la insoportable carga que significa el ser utilizadas de ésta manera.

Mi reflexión sobre el fenómeno de la prostitución parte y se basa en la convicción total de unos supuestos morales Kantianos sobre la dignidad. En el convencimiento feminista de que éste se da como una consecuencia más del abuso de poder de los hombres sobre las mujeres, en una sociedad como la nuestra, anclada y enmarcada en un modelo patriarcal. Kant nos legó un discurso sobre la dignidad cómo réplica a la tendencia creciente en la  sociedad moderna del mercantilismo del mundo, en el que nada escapa al valor del dinero, incluida la vida humana. Kant opinaba que al margen de ese mundo en el que “las cosas tiene precio”, debíamos pensar en el de “las cosas que poseen dignidad”, siendo la dignidad aquello que se elevaba por encima de todo lo que tiene precio, cuyo valor no es  relativo, sino absoluto, sin que pueda servir de medio para ningún fin externo así mismo. Sólo los seres humanos en la medida en que sean racionalmente libres serán poseedores de dignidad.  Para ello deben darse circunstancias de equidad e igualdad de condiciones, que en ningún caso se dan en un mundo dominado por los hombres, situando a la mujer en una posición de inferioridad en casi todos los ámbitos de la vida pública, política, social y económica y por lo tanto están al amparo de seguir perpetuando roles de dudosa “dignidad”. Kant nos muestra la dignidad no como un estado, sino como una situación y por ello es deber del ser humano conquistarla. No sólo por ser personas nos viene dada de fábrica. Las figuras del esclavo o de la fuerza de trabajo capitalizada, son figuras humanas, claro, pero, en cuanto son sometidos a un poder externo los individuos han sido convertidos en indignos, reducidos a cosas, a meros medios. Sólo la libertad dignifica. En virtud de la libertad, cómo absoluta independencia respecto a cualquier tipo de coacción que se nos imponga desde fuera, nos hace dignos de la dignidad.

Si enlazamos todo lo anterior con la prostitución, podemos dar carpetazo a uno de los argumentos hipócritas de nuestra sociedad, que necesita “dar razones” y justificarse del porqué de la permisividad hacia la misma para evitar la sensación de incomodidad de nuestras conciencias. No podemos tolerar que se sigan utilizando argumentos tales como que muchas de las mujeres que son prostituidas lo han elegido con libertad, nunca la libertad se puede dar en situaciones de desigualdad y sobre todo desde el desconocimiento del trasfondo de la realidad. Y la realidad es que las mujeres siguen siendo tratadas como ciudadanos de segunda clase. Si quieren, que hablen de voluntad, pero no de libertad.

A mi parecer y basándome en los supuestos kantianos la ética a seguir para tratar el fenómeno de la prostitución (como un claro ejemplo más de violencia contra las mujeres), debería apoyarse y construirse  en  éstos “ideales”, por supuesto sin dejar de lado el conocimiento de la realidad, pero con un posicionamiento firme y claro a favor de la abolición de la misma, como se hizo en su momento con la erradicación de la esclavitud.

Me entristece y sobre todo me irrita, por la impotencia que me causa , observar cómo algunas mujeres siguen manteniendo los prejuicios que las condenan como mujeres y defender una postura permisiva hacia un hecho tan dramático, argumentando y exponiendo los mismos mitos de siempre, favoreciendo el machismo y manteniendo la falsa creencia de que es mejor para ellas legalizar la situación y regularla desde los estados. Si eso se llevase a cabo daríamos alas a los hombres que obtienen beneficios de las mujeres, para poder dar rienda suelta al lucro y a la humillación de las mismas y aún encima estarían amparados por la ley. Parece ser que en los países que se  ha regulado la prostitución, no sólo no ha mejorado la situación, sino que además ha crecido. Si hay oferta y además es legal, habrá más demanda. No podemos olvidar también otro fenómeno ligado estrechamente al de la prostitución, la trata de seres humanos.

Naciones Unidas considera que la prostitución es incompatible con la dignidad y que constituye una grave violación de los derechos humanos. Rechaza la reglamentación de la misma y sobre todo afirma que nunca podrá considerarse un trabajo digno.

España proviene de una posición abolicionista, pero a lo largo de los últimos años y tras varias reformas dentro de su marco legal, ha pasado por una posición prohibicionista a principios de los años 70, y por otra reglamentarista iniciada en el año 1995, que despenalizaba el proxenetismo no coercitivo. Esto ha dado lugar al desconcierto y desorientación social, por lo que seguimos fomentando las desigualdades en vez de eliminarlas. Actualmente la Ley que regula la prostitución es la siguiente: el código penal de noviembre del 1995, la ley orgánica de septiembre del 2003 y la ley orgánica de abril de 1999 y que afecta al código penal. Todas ellas contemplan medidas contra el proxenetismo con o sin coerción, así como la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Dentro del código penal encontramos los artículos 177 bis, 178, 181,187 y 188, todos ellos relacionados directa  o indirectamente con la prostitución.

Pero, si España tiene un sistema jurídico muy constrictivo con la prostitución, pero no se cumplen las recomendaciones de los derechos de la mujer, me pregunto yo ¿de qué nos sirve? La ley se hace para cumplirse, y el Estado debe dotar de información y preparación a los organismos que deben ejecutarla. Una sociedad sin “mores” deja de serlo sin ellas, ya que estructuralmente se la define así por hecho de tenerlas, sin éstas las personas se perderían en su tarea de hacerse a sí mismos y no sabrían qué hacer, dejándose llevar por la otra cara de la humanidad que es la brutalidad. Debemos tener en cuenta las recomendaciones de la Naciones Unidas y preservar el derecho de las mujeres a tener una vida “digna”, cumpliendo así los derechos básicos de cualquier ser humano. No podemos normalizar la situación y dejarnos llevar por el hastío o la desilusión.

En estos momentos contamos además con el “Plan Integral de lucha contra los seres humanos con fines de explotación sexual” que recoge diversas medidas para dar solución al problema, siendo todas ellas fundamentales e imprescindibles. Para mí, ante todo las medidas de sensibilización que se exponen son capitales, así como las de educación, requisito prioritario para dotar a los ciudadanos de la información necesaria para decidir con libertad de verdad, ya que la verdadera riqueza de los humanos es la cultura, la ciencia y el conocimiento. Por todo ello la Sexología como disciplina científica tiene el deber de estudiar el fenómeno de la prostitución en todas sus formas y dotar de conocimiento todos los vacios entorno al mismo.

Pienso que el futuro siempre es difícil de predecir, pero estoy segura que en la posible evolución del fenómeno de la prostitución dependerá en gran medida de la propia evolución del movimiento feminista.

Laura Cruz, Sexología Alicante

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